miércoles, 9 de junio de 2010

50 AÑOS DE LA MUERTE DE QUICO SABATÉ, EL GUERRILLERO URBANO

En L´Hospitalet de los clandestinos y afines, Sabaté era una leyenda viva. Los habían matados, porque estos eran la fuerza bruta, lo que quedaba de los tiempos del Reich y de Mussolini, pero durante mucho tiempo Sabaté 2los levó de cabeza”.

De estas cosas se hablaba en algunas casas, mucho en la que yo iba, que era el cuchitril en el que vivían los Pedra, Francesc “seisdedos”, y Dolores Peñalver, una murciana que hablaba catalán. También se podían hablar de estas cosas en los descansos de las viejas fábricas, y entre un personal veterano que había vivido mucho, algunos con dignidad, otros mal ostros, acusados de oscuras tramas. En la Pedret este hilo llegada hasta el dueño que había sido “un compañero”, y al que algunos recordaban recogiendo botellas con una carretilla en los años del “estraperlo”…

La leyenda de Francesc Sabaté Llopart, se confundía con la de otros como el “Facerias”, pero ocurría que Sabaté era además de allí mismo, de tal o cual calle en aquellos años en que esta ciudad que con la emigración se había convertido en la más poblada del Estado, era todavía un barrio periférico de Barcelona donde muchos militantes iban andando a los actos y reuniones…

Quico Sabaté (L´Hospitalet, 1915-Sant Celoní, Barcelona, 1960) estaba considerado como el «enemigo número uno» del régimen, una pesadilla para una policía en la que los torturados estaban muy bien vistos. Era hijo de un guardia forestal, y segundo de cinco hermanos de los que tres murieron luchando contra la dictadura, Josep, y el cuarto, Manuel, quedando solamente vivo Francecs. A los siete años sus padres lo internaron en el asilo Durán de Barcelona de donde se fugó. Trabajó en un taller de lampistería y muy pronto se afilió al Sindicato de Oficio Varios de la CNT, y comenzó a frecuentar, junto con su hermano mayor, el local de las JJLL. Su adhesión al anarquismo coincide con el movimiento insurreccional del Bajo Llobregat de 1932. Es uno de los primeros componentes del grupo específico «Los novatos» y se afilia a la FAI; en 1933 toma parte de la insurrección de diciembre.

Entre las acciones espectaculares del grupo se encuentra el asalto a la Fábrica Roses de Cornellá, en colaboración con el grupo «Rojo y Negro». En 1935, Sabaté se niega a hacer el servicio militar por convicciones antimilitaristas, sin embargo en julio de 1936, después de asegurarse que el levantamiento no tiene traducción en L´Hospitalet participa en las luchas callejeras de la capital y el 27 de agosto desfila con la columna de «Los Aguiluchos». En 1937 interviene en la liberación de unos cenetistas detenidos el 3 de mayo y participa en los famosos acontecimientos. En 1938, Quico mata a un comisario estalinista, Ariño, que enviaba a las fuerzas confederales de los lugares de mayor riesgo. Detenido, es encarcelado en Vich donde huye a tiros de los carabineros. Nuevamente en Barcelona decide que la única alternativa es volver al frente lo que le lleva a la 121 Brigada de la 26 División (anterior Columna Durruti). En 1939 entra en Francia siendo internado en el campo de concentración de Vernet d´Ariège. Se sabe que participó activamente en la Resistencia. En 1943, junto con su compañera Leonor y su hija Paquita, se instala en Perpiñán y decide reiniciar la lucha en España. Para conocer los sitios claves los de los Pirineos, Quico se incorpora a un grupo que pasaba fugitivo de los nazis a España.

Su primer viaje a Barcelona lo hace, con varios afines suyos, a primeros de octubre de 1945. Aprovechando el viaje realiza, junto con su antiguo compinche «El Albisinio», un doble golpe en su ciudad natal. El dinero le sirve para poner en marcha el grupo de acción que ya estaba esperándole. El hecho más notable que realizaron fue la liberación de un grupo de presos libertarios. Por entonces, el que será su mortal enemigo, el comisario Quintela, había descubierto ya su autoría en el atraco de L´ Hospitalet Consciente de la situación Sabaté se dedica a montar una importante infraestructura. Sigue sus actividades hasta que en 1948 las autoridades francesas lo condenan a tres años en rebeldía por contrabando de armas; el régimen franquista exige su extradición. En 1949 contacto en Barcelona con «Los Maños» con los que prepara un atentado contra Quintela, que falla al prestar este su coche a un grupo de falangistas, el mismo año inicia junto con el grupo de Facerías una intensa campana ante la llegada del dictador a Barcelona. En junio es detenido en Francia y (Montpellier), en tanto que la policía franquista logra desmontar la red de apoyo montada en Cataluña.

A principios de 1955 y después de que la CNT, se niega a darle apoyo, el Quico crea los Grupos Anarcosindicalistas cuyo órgano de expresión se llamará El Combate. Interviene en Barcelona con acciones audaces y con la propaganda (distribuida masivamente con mortero en los campos de fútbol). En 1956 y 1957 el grupo va cayendo (42 detenidos en Cataluña), mientras que Quico ha de penar 8 meses en la cárcel de Montpellier. En contra de todos los consejos hará su último vieja en diciembre de 1959 con un grupo muy reducido y cae, después de una fuga rocambolesca, herido y rematado por el someten y la guardia civil que había temblado sólo con oír su nombre. Frente a las calumnias del régimen que lo trata de terrorista y de bandido, la CNT lo saluda como «un gladiador de la libertad». Su hermano Josep Sabaté (L´Hospitalet, 1910-Barcelona, 1949), precoz «hombre de acción», fue capitán de centuria en «Los Aguilucho», sufrió los campos de concentración franquistas, y cuando logró la libertad pasó a Francia donde se incorporó a las actividades de los «clandestinos», y murió luchando con la policía en 1949, en tanto que Manuel Sabaté (L¨Hospitalet, 1927-Barcelona, 1950), el más joven, integrante del grupo de Caracremada, fue detenido cuando trataba de cruzar la frontera, juzgado y condenado a garrote vil.

Esta historia y otras historias han sido tratadas de manera minuciosa en obras como las de Antonio Téllez que reconstruirá vivamente su trayectoria en Sabaté. Guerrilla urbana en España (1945-1960), de la que existe una reciente edición en Virus, Barcelona), en tanto que Dolors Marin reconstruye su historia y su contexto más próximo en Clandestinos. También ha servido de base para un documental Quico Sabaté, obra temprana de Col·lectiu Penta en 198 (24 minutos), para una pésima película de acción del oportunista J..A. de la Loma, Metralleta Stein), y para el más singular canto que Hollywood hiciera jamás al maquis antifranquista Behold a Pale Horse (1964), del menospreciado cineasta antifascista Fred Zinnemann que compró los derechos y la dirigió entre dos títulos “temáticamente” interesantes: Tres vidas errantes (1960), la historia de una familia de trabajadores irlandeses que trabajan como esquiladores en Australia, y que mantienen una actitud muy autónoma en relación a los patronos, y la oscarizada Un hombre para la eternidad (1967).

El próximo mes de enero se cumplirá medio siglo de su muerte, y estamos obligados a hablar nuevamente de Sabaté, con la misma rabia y con más libertad. Y en lo posible, con la conciencia clara de que esta muerte, y la de otros como él, representó la última barricada de los jóvenes que renunciaron a todo para demostrar que no todo había acabado, que era posible luchar contra el franquismo. Después de su muerte vino un profundo silencio solamente modificado por los murmullos en los lugares recónditos. No fue hasta una década más trade que comenzó a quedar claro que había una juventud que aguardaba. Otra época, pero alimentada por la anterior